El Saber

100_2802¿Qué significa saber? ¿A qué nos referimos cuando decimos que sabemos algo? Hablamos constantemente de ello, pero ¿será una mera forma de hablar? ¿Cómo podemos asegurar que sabemos algo? Saber es una palabra con varios significados, pero la acepción que trataremos aquí es la de “tener la certeza de algo”.

Pienso que no se puede saber nada excepto las percepciones subjetivas que uno mismo experimenta. Aparte de éstas pienso que sólo se puede opinar o creer, pero no saber.

¿Cómo podemos asegurar algo con certeza? ¿Qué medios tenemos para obtener información y verificarla? Depende mucho de las premisas de las que partamos. Podemos escoger respuestas de un modo arbitrario y decir que eso es saber. Si no podemos estar seguros de nada seguramente esa opción es tan válida como cualquier otra. También podemos guiarnos por creencias religiosas. Si creo que dios me ha creado con la capacidad de saber ya no tengo que plantearme nada más al respecto. Pero hay muchos a quienes no convence este tipo de respuesta. ¿Son los métodos científicos la respuesta? Para muchos sí, directa o indirectamente.

Pero los científicos son organismos relativamente similares entre sí con limitaciones sensoriales e intelectuales  también similares ¿No pueden equivocarse treinta científicos, cien, mil? ¿Acaso no ha ocurrido esto durante toda la historia? ¿Y no pueden equivocarse los millones de personas que creen ciegamente en su criterio? Al fin y al cabo, el creer lo que un científico afirma sin conocer el proceso y los datos que le han llevado a una conclusión no es muy diferente a creer a un predicador que afirma algo sin dar mayores explicaciones sobre cómo ha ocurrido o qué eventos han dado pie a ello. Y no es nuevo para nadie el que la comunidad científica ha hecho afirmaciones que décadas más tarde ha desmentido, ¿era eso cierto mientras no se “demostró” lo contrario? ¿Cambia la realidad según cambia la opinión científica? Supongo que pocos opinan eso; la única realidad que parece cambiar es la opinión de científicos y ciudadanos. Pero muchos basarían su argumentación en ello mientras tenía vigencia a nivel oficial. Dirían que está demostrado científicamente. Unos años más tarde tendrían que cambiar toda su argumentación. ¿Se puede hablar entonces de conocimiento científico?

Los científicos son seres humanos, unos organismos que han subsistido como especie debido a su adaptabilidad a lo largo de la selección natural. O eso dicen los científicos. Partiendo de esa misma base que se establece desde la comunidad científica, nos preguntamos qué posibilidades tiene un organismo de saber algo con certeza o qué puede saber y qué no.

Hoy en día la mayoría de la comunidad científica  y gran parte de la población aceptan como válida la teoría evolutiva  de la selección natural. Según ésta, los organismos que poseen características que facilitan su reproducción (o la de seres con un genoma similar) en un medio determinado tienen más probabilidades de que sus genes sean transmitidos a la siguiente generación. Esto hace que parte de sus características se manifieste en su descendencia. Por ejemplo, si el ser es peludo y eso favorece su supervivencia  y, en consecuencia, su reproducción, hay bastantes posibilidades de que su descendencia herede este rasgo. Será suficiente que el alelo que da pie a ese rasgo sea dominante. Si es recesivo, el otro progenitor tendrá que poseer otro alelo igual para que el rasgo se manifieste en sus descendientes . Si estas características son las que han favorecido su reproducción, seguramente harán lo mismo en próximas generaciones, siempre y cuando las condiciones ambientales no hayan cambiado considerablemente de una generación a otra.  Así, si la posesión de un sistema de percepción visual favorece la reproducción de un organismo, los individuos que lo posean proliferarán más que los que carezcan de él, seguramente mermando además el número de éstos por la competición por recursos. Así, ese tipo de organismos tenderá a acabar poseyendo un sistema de percepción visual; lo cual no significa que todos lo posean: aunque la mayoría de los humanos puedan ver, no todos pueden.

Esto nos sugiere que muchas de las capacidades que un organismo posee son fruto de la función que éstas han cumplido a la hora de asegurar la reproducción de sus ancestros. Pero, ¿es lo que percibimos a través de esas capacidades un reflejo nítido de “la realidad”? Considerando como realidad todo lo que existe creo que la respuesta debería ser negativa (excepto en el caso de las experiencias subjetivas , de lo cual hablaré más adelante). Durante miles de años el espacio  entre dos objetos en la Tierra se consideraba “vacío”. Después se ha afirmado que hay oxígeno, nitrógeno, otros gases, pequeñas partículas en suspensión… Pero para los humanos han pasado desapercibidos porque el no detectarlos no ha sido algo que dificultase su reproducción de forma sustancial. Sin embargo para muchos insectos, por ejemplo, esas partículas que para nosotros son insignificantes pueden ser de mayor relevancia. Nuestra “realidad perceptiva” está condicionada por la utilidad que esas percepciones han tenido para la reproducción de nuestros ancestros. ¿Qué ocurre entonces con todo lo que sucede pero cuyo conocimiento no favorece la transmisión genética? Pues simplemente son cosas que no percibimos o que, si las percibimos, es meramente porque ha coincidido que otra de nuestras características (una que sea “evolutivamente exitosa”) nos permite  percibirla. Por ejemplo, hemos llegado a percibir esas partículas en suspensión no porque sea algo esencial para nuestra reproducción, sino porque otros rasgos que sí han favorecido la reproducción en los humanos nos lo permiten. No sólo la vista sino muchas capacidades intelectuales humanas han permitido el desarrollo de herramientas como microscopios. Esas capacidades no se han desarrollado debido a lo útil que le resultaba a los humanos observar esas partículas, pero eran útiles en otros ámbitos y como consecuencia se han podido usar también para cosas menos importantes en términos evolutivos. También el tener piernas nos permite jugar al fútbol, aunque el por qué las poseemos poco tiene que ver con marcar goles. Esto ocurre con muchas de las utilidades que le damos a nuestros sentidos y capacidades.

También hay rasgos que se mantienen a lo largo de las generaciones en un grupo o especie no porque favorezcan la transmisión genética sino porque no la perturban y entonces no existe una marcada tendencia a su desaparición. A veces  ésos han sido rasgos que en un momento han tenido utilidad para nuestros ancestros, aunque luego hayan dejado de tenerla. Por ejemplo, el pulgar de muchos cuadrúpedos ha perdido su utilidad ya que se ha desplazado hacia una zona demasiado alta en las extremidades, pero su existencia no supone una dificultad para la vida y reproducción de estos animales. Así, esa característica se mantiene a pesar de no ser “evolutivamente exitosa” en ellos.

También algunos rasgos del individuo se deben a mutaciones y su origen no radica en la selección natural. Por ejemplo, Luis puede tener la piel de los dedos pegada entre sí, aunque no sea algo heredado y no sea algo que vaya a facilitar su reproducción. Pero tales mutaciones, al darse de forma espontánea y aleatoria, no suelen dar pie a complejos sistemas como pueden ser aparatos sensoriales, por eso no son relevantes en el tema que tratamos.

Volviendo a la cuestión, ¿qué ocurre con todo lo que no podemos percibir? ¿Qué ocurre con todo lo que no ha sido útil percibir para que nuestros ancestros (humanos o no) se reprodujesen? Aparte de las cosas que, como hemos visto, percibimos por mecanismos “destinados” a otras funciones, simplemente, para nosotros no existe nada más.

Al igual que desconocíamos (y millones de personas en el mundo desconocen) la existencia de partículas microscópicas en suspensión en el aire, desconocemos infinidad de datos y hechos que condicionan nuestro saber. Incluso desconocemos si esas partículas están ahí. No sólo porque no es más que una afirmación que llega a nuestros oídos (casi nadie las ha visto con sus propios ojos, excepto quienes investigan esa cuestión) y que podría ser falsa, sino porque la percepción de quienes las ven podría no reflejar lo que ocurre o hay.

También puede ocurrir que la no percepción de ciertos hechos condicione por completo la interpretación de aquello que sí percibimos. Y es que lo que desconocemos es algo que nunca podemos medir. Los factores que desconocemos pueden ser infinitos en número y tener una relevancia esencial en la interpretación de lo que sí creemos conocer. Por eso, si aceptamos que no lo sabemos todo, ¿cómo podemos afirmar que sabemos algo?

Por ejemplo, digamos que vemos que Luis ha entrado en una casa y lo vemos salir unos minutos más tarde. Afirmaríamos que Luis ya no está en la casa. Pero si no sabemos que tiene un hermano gemelo no podríamos saber que quien vimos salir era su hermano. Se puede argumentar que esa es una posibilidad que sí podemos barajar, porque conocemos la existencia de hermanos gemelos que se parecen mucho. ¿Pero qué ocurre con cosas que desconocemos? Digamos que existen seres que adoptan la forma de otros o máquinas que modifican el aspecto de las personas haciendo que se parezcan enormemente a otras en pocos segundos y que su existencia nos es ajena. El desconocimiento ha hecho que nuestro “conocimiento” (el que Luis ya no está en la casa) se vea modificado. Se puede decir que esos ejemplos son propios de una película de ficción, pero ¿cuántas películas que en su momento eran ficción nos parecen plausibles hoy en día, como viajes a la luna o por las profundidades marinas? En su momento el desconocimiento las convertía en ficción. ¿Quién creería en los 80 que un par de décadas después habría mecanismos que nos permitiesen controlar un ordenador sólo pensando qué funciones queremos activar? Sugerir su existencia sería recibido con una risa burlesca, al igual que ocurre hoy en día con ejemplos como el de la máquina que modifica el aspecto de alguien en sólo unos segundos. Del mismo modo, y sin saltos en el tiempo, infinidad de avances tecnológicos que son ficción para gente en lugares pobres o remotos del planeta son partes de la vida cotidiana para muchos de nosotros.

También la interpretación de muchas cuestiones a través de la teoría de la selección natural era algo que ni siquiera se planteaba antes de que alguien la desarrollase y se explicaban de un modo distinto, el cual era aceptado por la mayoría de científicos y el resto de la población (a menudo basándose en la existencia de un dios). Si es cierta la teoría  de la selección natural, su desconocimiento habría estado afectando por completo a las respuestas que se le pudiesen dar a infinidad de cuestiones hasta entonces.

Por otra parte, basamos nuestro conocimiento en nuestras experiencias, pero ¿cómo sabemos que nuestro sistema perceptivo nos ofrece datos veraces (podemos haber visto mal y realmente no era Luis) o que nuestra interpretación de las percepciones es adecuada (podemos habernos guiado por la sugestión al creer que quien veíamos salir era Luis)?

No debemos olvidar que las percepciones, las emociones y las ideas son generadas por un órgano, el cerebro, aunque evidentemente su funcionamiento dependa de otros órganos. Este órgano no tiene posibilidades ilimitadas. Nos permite percibir sólo ciertos tonos de luz, ciertas frecuencias de sonido, cierta concentración de ciertas partículas en suspensión… Asimismo nos permite recordar sólo ciertas cosas o abstraernos hasta cierto punto. Podemos hacer un número o tipo limitado de operaciones matemáticas,  podemos hacernos un tipo y número limitado de preguntas, podemos imaginar sólo cierto tipo de posibilidades… Y no somos capaces de concebir conceptos como “nada”, “todo”, “infinito” o nuestra propia inexistencia. Teniendo estas (e innumerables otras) limitaciones en cuenta, ¿podría decirse que podemos saber algo? A menudo se considera que algo es cierto si la mayoría de los sujetos humanos lo perciben del mismo modo. Pero esto supone ignorar que estos sujetos comparten muchas de las limitaciones y que su interpretación de la realidad será similar en muchos aspectos debido a éstas. Si nuestro cerebro carece de la posibilidad de generar cierto pensamiento no seremos capaces siquiera de plantearnos si es cierto. Un león no se puede preguntar qué será eso del álgebra ya que no conoce su existencia. Por eso no es ya cuestión de cuánto podemos llegar a plantearnos las cosas sino de si podemos llegar a preguntarnos ciertas cosas y, en caso de preguntárnoslas, si tenemos la capacidad de encontrar y/o comprender la respuesta. Como antes he mencionado, hablamos del infinito, pero ¿quién comprende qué significa? ¿Y significa algo? ¿Existe? ¿Es la nada parte del infinito? ¿Es absurda la pregunta debido a que no sabemos si ninguna de las dos cosas existe realmente? ¿Qué significa “realmente”? ¿Significa que existe más allá de nuestras percepciones? ¿Acaso nuestras percepciones no son parte de la realidad? ¿Se convierte algo en realidad desde el momento en que pensamos sobre ello? Digamos que hay cinco flores en el suelo, pero yo percibo seis. ¿Es real que haya seis? ¿Cambia la realidad según cambia la percepción del sujeto? Se puede decir que sí, pues los pensamientos varían y éstos son parte de la realidad. Pero, ¿cambia el número de flores que hay dependiendo de quien las vea? No lo podemos saber, ya que para comprobarlo tendríamos que fiarnos de la percepción de alguien, quien también podría equivocarse.

Al desconocer cosas tan relevantes  como cuan limitada es nuestra capacidad de comprender cierta cuestión, ¿cómo podemos hablar de saber o conocimiento? Al ser sujetos, con las limitaciones perceptivas y cognitivas que supone el serlo por una simple cuestión estructural, todo lo que percibimos es subjetivo. Por lo tanto creo que lo único que podemos saber de forma objetiva son nuestras propias experiencias subjetivas. Porque de lo que sí podemos estar seguros es de lo que percibimos. Aunque quizás no podamos saber si somos sujetos que lo perciben o si esta percepción se produce por otros medios que desconocemos y que no implican el ser un sujeto. De ser así, las percepciones podrían ser experimentadas por algo que no fuese un sujeto, pero seguirían siendo de carácter subjetivo, ya que se experimentan como tales. Sin embargo esto alteraría muchos de los planteamientos que hago. Pero sólo me puedo basar en aquello que creemos cierto y el modo en que se podrían dar percepciones sin ser por medio de un sujeto es algo que no somos capaces de explicar.

A veces no sabemos ponerle nombre a nuestras experiencias y decimos que no sabemos lo que sentimos o pensamos. Pero esa sensación de desconocimiento es en sí una forma de percibir nuestras vivencias. El decir que no sabemos lo que sentimos o pensamos demuestra en sí una forma de entender lo que nos ocurre: no entendemos, estamos confundidos.

Podemos saber que hemos visto un gato, porque, aunque pueda ser engañosa, es nuestra percepción. Y la percepción sólo puede ser subjetiva, lo cual la convierte en objetiva en sí misma al ser percibida por el sujeto. Todo planteamiento sobre la existencia de la objetividad emana de un sujeto, convirtiendo esa supuesta objetividad en subjetiva, dado que un sujeto no puede desprenderse de su subjetividad. Por eso lo que sería quizás más arriesgado sería decir que hay un gato, porque podríamos haber visto o interpretado mal, como con Luis. O podríamos estar soñando o haber tenido una alucinación visual. O infinidad de posibilidades, la mayoría de las cuales yo no podría llegar a plantearme siquiera.

Podemos saber que algo nos duele o nos gusta porque ambas son percepciones subjetivas, de modo que la descripción objetiva del hecho de que a alguien le duele algo se basa necesariamente en la percepción subjetiva del individuo y es algo que sólo éste puede afirmar objetivamente.

Podemos saber que nos parece que Luisa está enfadada o triste, pero no saber que lo está. Sólo podemos saber cuáles son nuestras experiencias.

También podemos saber que algo nos huele mal, que sentimos frío o calor, que estamos contentos, que creemos estar escribiendo un artículo, que creemos no saber nada más que nuestras propias percepciones, que creemos estar despiertos, que creemos haber visto a Luis saliendo de casa…

Pero diría que el conocimiento o el saber científico es un engaño ya que las propias bases en las que se sustentan hacen que el concepto de conocimiento se venga abajo . Según lo expuesto, si aceptamos la teoría de la selección natural no se puede afirmar la existencia del saber más allá de las experiencias propias.

Pero a lo largo de este artículo me he basado constantemente en conceptos científicos como la selección natural o datos sobre nuestra fisonomía, lo cual hace que el propio artículo se reste validez a sí mismo, ya que cuestiona la veracidad de la fuente en la que se basa. También me he basado en otras ideas y conceptos de carácter no científico pero que son igualmente cuestionables. Y si lo dicho depende de la veracidad de lo que cuestiono, ¿en qué me estoy basando? Pero, ¿cambiaría significativamente el razonamiento si hiciese este análisis desde otro ángulo? ¿Existe acaso alguna doctrina o idea blindada contra su cuestionamiento? Supongo que todo cuestionamiento del saber, desde cualquier perspectiva,  es paradójico, ya que toda respuesta, premisa o dato será puesto en duda por la imposibilidad de estipular si es correcto. Pero el que algo nos resulte paradójico podría significar tanto que es absurdo como que no estamos capacitados para comprenderlo. O el que algo resulte paradójico no tiene por qué convertirlo en falso. En cualquier caso, no dudo de que exista esta clase de dudas (dudo de mi existencia como ser pero no de la existencia mis experiencias, incluidas estas dudas), independientemente de los errores en mis planteamientos. De modo que creo que el cuestionamiento del saber es un hecho y la consecuencia es la falta de respuesta para mis dudas. Opino que sólo puedo opinar, no saber.

Andressolo (Andrés Cameselle Caride) 15/7/09

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Procuro vivir sin causar daño al resto y sin morderme la lengua respecto a nada. Aquí tengo algunos de mis artículos.
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One Response to El Saber

  1. Lía Soriano says:

    Interesante. Me gustó. Me pareció fluido, lleno de contenido y muy asimilable. Algo que se saltó fue que mencionaras a los científicos como especie. Creo que en otro tipo de trabajos puede pasar, en este no, porque a pesar de que cuestionas aún lo cuestionable, me parece que el artículo tiene un toque serio y se sostiene.

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